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la derrota



  La derrota


 Se había levantado un viento gélido y grises cúmulos cubrían los cielos enrojecidos de ira y dolor. Extensas llanuras se cubrieron de guerreros procedentes de los territorios más alejados del planeta…


El ODIO congregó a millares de luchadores para entablar una encarnizada batalla para derrotar al AMOR. Había llegado el momento. Tenía demasiados enemigos como para permitir que siguiera reinando durante tantos y tantos siglos consecutivos. Se estudiaron montones de estrategias y alianzas. Individualmente o por grupos debían introducirse en una pareja íntimimamente unida, tenían que estudiar los pasos que debían seguir para separarlos y hundirlos definitivamente en el fango de la desesperación. Los CELOS creyeron que por sí solos lo destruirían y alardeaban de su portentoso poder. La INFIDELIDAD, que vestía un vestido rojo muy ceñido, hablaba con altivez  y se sentía tremendamente segura de sus inapelables cualidades…La IRA y la VIOLENCIA crearon un tándem e idearon  un montón de incursiones inesperadas para aniquilarlo en sólo un asalto… y se atropellaban unos a otros intentando exponer sus ideas y sistemas de ataque: la DESCONFIANZA, la MENTIRA, el RENCOR, la ENVIDIA… el ABANDONO confiaba en sus tremendas posibilidades y le achacaron que muchas mujeres son abandonadas por sus esposos y siguen enamoradas hasta la eternidad. En el fondo, a pesar de esa jactancia que todos derrochaban había un ápice de inseguridad, por ello se agruparon en increíbles alianzas.


El ODIO intervino por fin y prometió una suculenta recompensa para aquel que derrotara de una vez por todas al AMOR, y dio un plazo de seis meses.


Seis meses de lucha encarnizada.


Todos volvieron a congregarse transcurrido ese inaplazable espacio de tiempo. Los guerreros regresaban cansados y con las ropas rasgadas y harapientas, sudorosos y cabizbajos.

El ODIO preguntó en voz alta, su voz se asemejaba a un trueno, que a su vez coincidió con el estertor de una negra tormenta que comenzaba a abrigar aquellas llanuras frías e inhóspitas. “¿Quién ha derrotado al AMOR?” El silencio que reinaba sólo se tambaleaba por el furioso rugir de la tormenta. “Repito… ¿alguno de los presentes ha sido capaz de derrotarlo?” Nadie respondía… Una cortina de agua comenzó a desplazarse como si estuviera embrujada…


“Yo lo he derrotado” Se escuchó una voz tímida y apocada…

El ODIO volvió a preguntar un tanto incrédulo… Aquella voz insulsa volvió a repetir sin ninguna emoción: “Yo lo he derrotado”… Le ordenó que se acercara. Ese ser caminaba despacio y cabizbajo. Un leve murmullo creció entre la multitud hasta convertirse en un ruido ensordecedor, que se confundía con la salvaje tormenta que asolaba los páramos. Vestía una túnica anodina, sin color. Nadie se había fijado en él pues pasaba realmente desapercibido. Ni sus ademanes, ni su voz, ni sus ropas podían llamar la atención…

Entonces el ODIO preguntó enérgicamente, “¿tú quién eres, puedes presentarte?”


Ese lánguido guerrero levantó despacio su cabeza y contestó con una triste voz:

“Yo soy el ABURRIMIENTO”   

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