Turno de Guardia


José Luis Raya

Allá por 2008 asistí al estreno de un docudrama extenuante titulado La clase. Tras ver ahora Turno de guardia, he vuelto a sentir la misma asfixia y el mismo desasosiego. Si entonces se denunciaba la situación del profesorado, esta película expone con crudeza la realidad que padecen los trabajadores de la sanidad pública. La acción se sitúa en Suiza, un país que suele presentarse como ejemplo. Precisamente por eso el impacto es mayor. La cámara sigue sin descanso a la enfermera Fiora durante una jornada laboral interminable. La escasez de personal la obliga a multiplicarse hasta el agotamiento físico y mental. El ritmo frenético al que trabaja resulta opresivo; hay momentos en los que el espectador apenas puede respirar. Fiora no solo cura: también gestiona, consuela, escucha y contiene. Ejerce de enfermera, auxiliar, administrativa y apoyo psicológico. Algunas situaciones resultan emocionalmente devastadoras. Es indignante ver cómo ciertos pacientes exigen atenciones triviales mientras el personal sanitario intenta salvar una vida. Esa falta de empatía hacia quienes sostienen el sistema es angustiosa y profundamente vergonzosa. Hacía tiempo que una película no me hacía sentir tan incómodo. La sensación es idéntica a la que me provocó La clase. Ambas ponen sobre la mesa una realidad que muchos prefieren ignorar: la sanidad y la educación públicas están crónicamente infrafinanciadas y mal gestionadas. No se trata de casos aislados, sino de un problema estructural.

En medio de tanta actividad frenética, la película deja entrever pequeños gestos de reconocimiento por parte de algunos pacientes, que acaban empatizando con esta enfermera incansable, auténtica mujer orquesta, sola ante el peligro. La directora intenta introducir un leve respiro entre tanta amargura, pero no esquiva el golpe final. Los rótulos finales son demoledores: faltan cientos de miles de profesionales sanitarios. En España se necesitan 100.000 enfermeras y casi 6.000 médicos para igualar la media europea. El abandono profesional no deja de crecer; muchas enfermeras no pueden soportar la presión laboral constante y acaban marchándose.

El futuro de un país se sostiene sobre la sanidad y la educación. Descuidarlas es condenar a la sociedad al fracaso. Turno de guardia no es solo una película incómoda: es una denuncia urgente que debería ver todo el mundo para comprender hasta qué punto se ha normalizado una situación límite que ya no admite más silencio.


Ejemplo:

 https://cadenaser.com/andalucia/2026/01/20/el-hospital-publico-costa-del-sol-no-encuentra-medicos-especialistas-y-han-quedado-desiertas-28-de-sus-30-plazas-ofertadas-ser-malaga/

Comentarios

  1. Totalmente,la sanidad y educación pública hay que protegerlas,no puede ser de otra manera.

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