Cautiverio

 







Cautiverio

Pepe Raya

 "La Opinión"


No voy a dejarme llevar por las primeras y dispares críticas iniciales, representadas entre otras por mentes preclaras como Carlos Boyero o Pérez Reverte. Hay que ver, valorar, reflexionar y discurrir para llegar a un criterio personal. Pero no voy a centrarme en la cinta en sí, sino en una parte –apenas unos minutos- que ha determinado un aluvión de puritanas críticas escandalizadas por la supuesta homosexualidad de un escritor universal como Cervantes. Según mi criterio, Shakespeare y Cervantes, tienen muchas cosas en común, no solo su genialidad indiscutible sino también el día de su muerte, hora arriba, hora abajo: ya sabemos todos lo que celebramos precisamente por ello.

Primero fue Unamuno y ahora se ha atrevido con el relato de un período decisorio de la vida de Cervantes. Amenábar—metátesis o aliteración de Abenamar— ha sido criticado por alguna escena que otrora hubiera sido censurada por las mentes más castas y beatonas a la par. Aún hay lerdas molleras que siguen considerando la homosexualidad un desprestigio personal y moral. Hemos heredado ese molesto prejuicio desde tiempos inmemoriales sin apenas haber avanzado en sus consideraciones. La moral cristiana, judaica  y musulmana, de las que somos herederos, nos guste o no, han sido los tres tapones más dañinos para el desarrollo de nuestra individualidad y libertad. Homofobia, misoginia y machismo son tres ejes fundamentales de estas corrientes religiosas. Algunas se han ido liberando de estas cadenas a lo largo del tiempo. Otras permanecen claramente en los oscuros siglos medievales. Aún, hoy en día, algunos varones homosexuales se casan para ocultar sus inclinaciones de alguna manera, bien por presión social, familiar o por contradicciones personales. Miguel de Cervantes se casó con Catalina de Salazar. Ella tenía una hija, Isabel, fruto de una relación anterior. No se conoce descendencia biológica. También se ha estudiado si la hija de F.Franco era realmente su sobrina o su hija para seguir especulando acerca de las verdaderas inclinaciones del dictador. España lleva impresa en la frente sus prejuicios más rancios y homófobos. Para gran parte de la derecha ello sería una aberración y una humillación para su imagen y el pasado de nuestra patria. Es decir, un hombre es menos hombre por ello; además, es mucho peor ser un invertido que un asesino. ¿Quién no ha escuchado alguna vez aquello de “prefiero una hija puta a un hijo maricón”? Pues todavía se sigue escuchando: sencillamente bochornoso.

En esta España de hombretones siempre se ha comentado la debilidad que sentía Lope de Vega por todas las mujeres. Hay un listado interminable de amantes; debido a los remordimientos por el daño que le causó a su segunda esposa, Micaela de Luján, con tantos cuernos, se metió a cura para expiar sus culpas; sin embargo, colgó los hábitos cuando se encaprichó de una de sus feligresas. ¡Qué gran macho para nuestra historia literaria! En cambio, de Cervantes se ha ocultado su intimidad. Realmente no hubo mujeres en su vida. De su obra, como sucede con Shakespeare y sus sonetos yámbicos, podría entreverse ciertas predilecciones: “amo y señora”, dirigiéndose a su amado andrógino. Nadie se avergüenza del vate de Stratford, ni de Leonardo, ni de Miguel Ángel. ¿Por qué en nuestro país la derechona rancia y más conservadora sigue considerando esto como una depravación? Cuando releí El Quijote me pregunté qué pasó realmente para que un señor orondo abandonara a sus hijos y a su mujer, Teresa Panza, y se uniera a otro señor que solo quería serle fiel a su querida Dulcinea, y que solo existía en su cabeza, como el homosexual reprimido actual que va con chicas o se echa novia para evitar chismes. Ok, cierto, compro la idea de que todo forma parte de los códigos del amor cortés y de los protocolos de las novelas de caballerías. Por falta de espacio no puedo extenderme para poder contradecir ciertas cuestiones. Recuerdo cómo el hispanista Alan Deyermond demostraba que nuestras jarchas, cuyos vestigios se remontan al siglo X, encierran una suerte de eros homosexual muy común en aquellos lejanos tiempos. Esto es, el poeta canta a su amado refiriéndose a él como amada. Entrevemos en ello cierta reprobación por parte de la moral judeocristiana incipiente. Los primeros siglos de nuestra era eran mucho más libres, al menos no se habían intoxicado con tantos prejuicios. Volviendo a “El Quijote” y, considerando ese sedimento que arrastra nuestra literatura primigenia, también podría ser, entre sus múltiples lecturas, que se tratara de una historia de amor platónico entre dos maduritos -el chaser y el osito- en busca de aventuras. Su esposa lloró tanto al ser abandonada nuevamente [II,V] como él amargamente ante el cuerpo yacente de su señor don Quijote (¿y amado?). Indudablemente, esto es una interpretación más de las múltiples y ricas que encierra esta obra tan colosal; craso error sería desecharla por prejuicios.

Además, los grandes genios de nuestra cultura universal lo han sido. ¡Ánimo, Alejandro!

 

Comentarios

  1. Se equivoca: la hija biológica lo era de Ana de Villafranca y del propio Miguel de Cervantes. Pasó por hija del marido de su madre hasta que, al morir ésta, se encargaron de ella Cervantes y su esposa, Catalina de Palacios. Se llamaba Isabel de Saavedra.

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    1. Se ve que manejamos diferentes fuentes; nunca empezaría una argumentación diciendo "se equivoca"; pero bueno, allá cada cual con su arrogancia.

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  2. Fuera o no su hija biológica, ni una ni otra posición descarta que fuera o no homosexual. Yo quiero añadir al respecto de la película, que fuera o no homosexual, en la peli lo que de ve es que o cuelas por los caprichos del Baja o te matan, es más cuestión de supervivencia que de sexo. La peli es tan buena como tú escrito. Bravo Pepe!, bravo Abenamar!.

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  3. No sé porqué me llama Anónimous, soy Juan Carlos, de Sevilla.

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