La vaca que ríe
La
vaca que ríe
Ya
estoy cansado de la descarada polarización que los medios de comunicación elaboran
sin pudor con la única intención de mantenernos enfrentados/entretenidos como
al asno que sigue su zanahoria colgada de una vara sin mirar en derredor. El
jumento camina como un zombi con la única ilusión de alcanzar la zanahoria que
nunca atrapará. Al mantenernos visceralmente enfrentados, las élites de arriba
se aseguran una ingente masa de votos. Los que fluctúan o fluctuamos alrededor
del sentido común y no nos casamos con nadie -porque somos unos cuantos los que
veneramos tan solo a la coherencia- podríamos aseverar que:
El
sentido del humor podría volverse contra la presentadora y que alguien
manifieste que resulta gracioso que una vaca admire a otra vaca. Que otros
tantos aseguren que dicho animal es sagrado y adorado en la India y que no es
insultante. Que obviamente no se atreven con una imagen de Mahoma porque les
pueden cortar el cuello. Mira tú por dónde podríamos resultar más tolerantes. Y
también, y no menos importante, por qué no han calibrado que existe un elevado
número de creyentes en España que se van a ofender por caricaturizar al SC con
la imagen de una vaca; pero que da igual: ya sea perro, gato o caballo. No es
necesario mofarse de las creencias de otras personas. Lo curioso es que
deliberadamente es un torpedo contra un montón de personas de derechas y otro
tanto de izquierdas: creen que los creyentes solo se hallan en un bando. Qué
desinformados. Pues sí, han ofendido a muchas personas. No me sirve como
bálsamo de Fierabrás que haya otros escándalos de los que nadie habla: por
cierto, dicho bálsamo se bebe, no se trata de un ungüento para la piel. ¡Si
Cervantes levantara la cabeza! Efectivamente, muchos de esos fieles ofendidos
miran hacia otro lado cuando se pone el dedo en la llaga sobre los abusos y la
pederastia de una parte de los miembros de la Iglesia. Tenía que ser el actual
Papa el que llamara la atención sobre ello y no silenciara el secreto a voces.
Si
nos mantienen polarizados como a dos imanes que se repelen magnéticamente,
seguirá existiendo una esfera inamovible de votantes ciegos en ambos bandos que
acompañarán fervorosamente a sus líderes hagan lo que hagan, como esos burros
que siguen sumisos la estela de su zanahoria, esperando el día en que logren
atraparla. Lo que no saben es que ese día nunca llegará. ¡Qué pena! Al menos,
no les sigas el juego: a ninguno.



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