EL CRITIQUEO
http://www.diariosur.es/opinion/201509/05/critiqueo-20150905001359-v.html
El critiqueo
José Luis Raya Pérez
Los orígenes del cotilleo – chismorreo,
comadreo, charlo, alcahueteo, critiqueo, enredo…- se remonta a las tribus
primitivas, parece ser que resultaba beneficioso para conocer los puntos
débiles de las tribus opuestas o enemigas, o también para emparentarse con la
mejor hembra o para construir o destruir clanes. En La aulularia de Plauto recuerdo perfectamente cómo un personaje
llamaba a otro “circumpectatrix”, para tildarla de fisgona o chismosa – se
trataba de un personaje femenino- Muchos sociólogos consideran que se trata de
un aspecto saludable para el fomento de las relaciones humanas y sociales. En
muchas ocasiones sirve como inicio de una conversación que no arranca, en la
que los interlocutores no saben qué decirse o no saben interactuar por falta de
empatía o porque la situación es tensa, por lo que ayuda a distenderla. Para
entender bien La Celestina no debemos
obviar el pasaje en que Elicia y Areúsa manifiestan su rencor hacia Melibea con
absoluta crueldad y vehemencia. Se aprecia con claridad que es la envidia y la
frustración lo que las mueve a proferir esas valoraciones. No es el ambiente
distendido y empático el que fluye entre ellas. No son éstas las circunstancias
ingenuas que pretenden colegir todos estos sociólogos edulcorados con almíbar y
sirope de frambuesa, puesto que es la génesis de la tragedia que conduce la
magistral obra editada por primera vez en 1499: el crimen. Incluso fue el
origen del destierro en El Cid: el vil chisme producido por la insana envidia.
Esto sucede también con el pobre Alonso Quijano, El Ingenioso Hidalgo de La
Mancha, que es víctima continuamente de los vituperios y maledicencias de sus
coetáneos, que lo ridiculizan y lo sacuden sin piedad a lo largo de la obra de
Cervantes. Recordemos con qué mordaz y premeditada insidia se producen las
burlas urdidas en el palacio ducal de la segunda parte con la supuesta condesa
Trifaldi. Recapitulemos cómo acaba en tragedia Otelo, inducida por el chisme
urdido magistralmente por Yago, que, como un gusano voraz, irá destrozando la
mente de Otelo hasta que dé muerte a su amada Desdémona. El chismorreo, las
intrigas palaciegas y la venganza también vertebran el argumento de “Las
amistades peligrosas” de P. Chordelos, a través de epístolas plagadas de
comidillas y fruiciones, que da lugar a otra magistral tragedia amorosa. A la
mente se me viene la espléndida obra de William Wyler, La calumnia. O la reciente y no menos magnífica La caza de Thomas Vinterberg.
Nuestra tierra concretamente produce estos
permanentes estados de critiqueo, quizá favorecidos por el clima halagüeño del
sur, todos sabemos cómo las señoras cogían sus sillas de anea y se sentaban en
las puertas de sus casas para platicar con las vecinas, al fresco de las noches
de verano – cuando entonces hacía fresco- y no precisamente debatían sobre
Hegel o los encajes de bolillo, mientras los hombres se contaban sus chismes en
las tabernas, entre chato de vino y partidita de cartas. Quizá se trate de
nuestros orígenes picarescos en los que la mentira y el comadreo se fundamenten
para que las historias avancen. El Lazarillo se sustenta sobre un chisme, no lo
olvidemos. La gente decía que a su joven esposa se la beneficiaba el Arcipreste.
Seguramente sea una de las pocas obras literarias clásicas en las que las habladurías
no concluyan en desastre. También hay que recordar la tópica imagen de “la
portera”, la cual conocía, quizá parcialmente, todos los tejemanejes de los
vecinos y vecinas.
Lo curioso del critiqueo es que casi nadie lo
hace de manera positiva, con admiración y respeto, sino que el chismorreo
malsano y dañino se fundamente en la envidia porque al amigo o vecino le va
bien en sus negocios, porque sin duda es muy feliz en su relación, porque sus
hijos o hijas han sacado muy buenas notas o porque disfruta de una casa
formidable. Los chismosos-as se mueven exclusivamente por el rencor, la falta
de autoestima, la frustración, el fracaso y la inseguridad. En el grupo en
cuestión suele haber un líder que inicia el despotrique de forma fina, casi discreta, sin que se note,
a continuación sus acólitos comienzan a rajar y a diseccionar. A menudo hacen
leña del árbol caído o empiezan a derrumbar al que está en la cima. Tratan de
impedir que prospere, y, en cuanto pueden, destripan y se reparten la carnaza. Suelen
ser seres falsos y ruines, muestran su cara más amable para sonsacar y luego
malmeter, para enfrentar y dividir, ya que ellos-as disfrutan de su propio daño causado por sus inquinos
comentarios, siempre a espaldas de los aludidos, cuando estos están ausentes y
no se pueden defender de esas malvadas y falsas acusaciones, basadas en el
despropósito de unos falsos y cobardes amigos-as, que ni viven ni dejan vivir,
cuya principal intención es hacer el mal, debido sencillamente a la
infelicidad, al aburrimiento y a la frustración que sustentan sus anodinas y
mediocres vidas. Si no critican se aburren hasta el hartazgo. No olvidemos que
los que hablan mal de los demás contigo, hablan mal de ti con los demás, es
como un hobby. Deberían de aprender, en primer lugar, que el amigo de verdad te
reprende en privado y te alaba en público, tal y como han hecho siempre
nuestros padres, que son los que más nos quieren. Sin embargo, sin estos
abyectos personajes no hubieran existido tantas obras maestras del cine y de la
literatura.



Muy bueno, buenísimo. Y muy curioso es que una vil costumbre fomente la cultura. Abrazos, monstruo!
ResponderEliminarGenial repaso a la historia para analizar el origen del critiqueo...Acabo de leer el libro Wachington Square de Henry James , la película La Heredera está basada en este libro.Aqui es la tía de la protagonista la que hace de cotilla y criticona, y la que causa tanto mal.Parece que son casi siempre las mujeres las que la historia y el mundo actual las culpa de ser las causantes no????
ResponderEliminar