Cerrado panorama literario II
Cerrado panorama literario
Es muy difícil, roza casi lo imposible, que publique
un escritor anónimo o novel. Cuando este concluye su obra, las editoriales y
las agencias se cierran en banda y ni siquiera se dignan a leer el primer
capítulo, si se trata de una novela, porque lo de publicar poesía eso ya es una
quimera, “malos tiempos para la lírica”. Lo curioso es que se escudan en la
palabra más pronunciada y escrita en los últimos años: “crisis”. Todas las
agencias esgrimen idéntica respuesta: “Lo sentimos en estos momentos, puesto que
estamos saturados y no disponemos de tiempo etc etc”. O sencillamente “No
encaja en nuestro proyecto editorial”. Terminan con una buena rúbrica de buenos
deseos para la edición de la obra. Es una respuesta estándar que todas las
agencias repiten como loros. El trabajo brilla por su ausencia en toda España y
a ellos les sobra el trabajo, ¡qué ironía! No se plantean echar unas horas más
en su repleta agencia -¡como los suizos¡-. Quién sabe si entre todos los
desechos/desechados se encuentra un auténtico best-seller o autor que ofrezca
un cambio al anquilosado panorama literario, que se reduce a guerra civil,
novela histórica de mil páginas, vampiros y poco más ¡Cuánta desazón¡
Otra salida podría ser los concursos y certámenes
literarios… pero se trata, penosamente, de un coto vedado. Antaño, exceptuando
el Premio Planeta, que nunca ha escondido sus objetivos, los concursos
literarios eran puros y no estaban contaminados por la fama del escritor
ganador. Un anónimo kiosquero llegó a conseguir el Nadal. Ahora se valora en
exceso el reconocimiento mediático del autor y se obvia su valía y calidad
literaria. Tampoco se apuesta realmente por la imaginación, ni por la
innovación. Si alguien presentase algo parecido a “Tiempo de silencio”,
salvando las décadas, sin duda acabaría en la basura.
En las librerías nos encontramos a los mismos
autores, repitiéndose y autoplagiándose. Falta aire fresco, nuevos rumbos y
derroteros. Nuevos riesgos. Abres un libro y la estilística es la misma en casi
todos los autores, idénticas expresiones, perfiles de personajes similares
con rimbombantes y sonoros nombres novelescos ¿No existe ningún personaje que
se llame Pepe López? Incluso los títulos, ¿han de tener obligatoriamente sabor
novelesco? Todo se inició cuando J.M. decidió intitular “La muchacha de las
bragas de oro”… “Tonto, muerto, bastardo e invisible…”·, “Los hombres que no
amaban a las mujeres” Todo es plausible. Pero no debemos sistematizar y
autocomplacernos con las modas.
Las agencias no arriesgan. El jurado de los concursos
se deja seducir por los consagrados. Cuántas Cármenes Laforet estaremos
perdiendo. Cuántos magníficos manuscritos acabarán olvidados en un cajón o perdidos en algún
disco duro, devorados por los virus. Cuánta buena e innovadora literatura
desperdiciada.
La futura historia de nuestra literatura estará
formada por los mismos escritores de siempre y por los fallos de jurados
demasiado homogéneos que sólo siguen las modas y encumbran a los mismos (¿No
resulta sospechoso que siempre gane un conocido, célebre o consagrado autor?) o
por editoriales que apuestan sobre-seguro: un nombre. Tan sólo una obra
aguerrida se colará porque una madre coraje se dedicará a aporrear las puertas
de los sordos editores: “La conjura de los necios”, por ejemplo. O por autores
que aparecen en programas de TV donde solo se chilla y se insulta. O autores
mediáticos que copian párrafos enteros de internet, o de consagrados, o de
noveles. Incluso nobeles acusados de algo similar: “La cruz de San Andrés”. Y
luego, aparecerán fragmentos de sus obras que tendré que leerles a mis alumnos
porque son seleccionadas por los libros de texto, con una serie de ejercicios
sobre comprensión lectora y expresión, mientras estos bostezan de puro
aburrimiento.
“El bolígrafo de gel verde” ha sido el último título
de un desconocido autor que se ha abierto paso, desde la autoedición, después
otras madre coraje, émula de la anterior posiblemente, determinó su actual
edición por una de las grandes.
En cualquier caso, la Red está favoreciendo que artistas,
poetas, escritores, afloren en muchas páginas y que se den a conocer en una web
o un blog. Se inicia una nueva era de mecenazgo, posiblemente más libre y
personal, y se rompe, de alguna manera, las típicas vías de transmisión y
generación de cultura.






autoedicion o salir en salvame deluxe
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