La mala educación
La mala educación
José Luis Raya
Puede resultar lamentable,
para los más puristas, que intente explicar la rivalidad que existió entre
Góngora y Quevedo, como la que hay entre Cristiano Ronaldo y Messi. Captar la
atención de los adolescentes pasa por buscar analogías con el fútbol o
facilitarles páginas webs con dibujitos
o juegos. El papel les produce rechazo o fobia. Las pantallas del ordenador los
dejan embelesados. Si tienen que consultar una enciclopedia o mirar en el libro
de texto lo hacen con desgana y desaprobación, en cambio, si han de“investigar“
a través del PC el silencio es absoluto. No obstante se quedan en la superficie
y no todo lo que circula por la red es fiable o demostrable.
Muchos recordamos que
nuestro material para estudiar y
aprender residía en distintas fuentes: libros de texto, fotocopias facilitadas
por el profesor, bibliotecas, hemerotecas. Realizábamos trabajos de historia o
de literatura leyendo y contrastando. Ahora el alumno sólo mira la "santa
wikipedia" o el famoso "Rincón del vago" – menudo ejemplo a
seguir éste último-, y sin apenas leer, ni tan siquiera por encima, pulsan el
botón de imprimir y entregan sus trabajos con una estupenda fotografía a todo
color, igualmente impresa. Y preguntan, pasados unos días, por la nota que han
sacado en su trabajo del Renacimiento, por ejemplo, cuando el único esfuerzo
que han realizado ha sido el de pulsar un botón. Todos los trabajos entregados
son idénticos o parecidos entre sí. Dos exiguas copias impresas. Ni les pides
que lo expongan oralmente porque se pueden traumatizar o se niegan
directamente“¡Que a mí me da mucha vergüenza¡“ – dicen-. Empero no la tienen
para llegar sistemáticamente tarde a clase, hablar sin pudor o wassapear porque tienen un asunto
importante que tratar con un amigo.
La ley del esfuerzo y la
disciplina se está diluyendo hasta desaparecer. Si un material de estudio no se
les facilita totalmente masticado y desmenuzado, ellos no se esfuerzan por
comprender o leer con atención.
Es muy difícil crear una
generación de personas educadas en el esfuerzo y la disciplina. Las causas de
esta apatía se ha transmitido de generación en generación, podría remontarse al
tiempo en que se creó la ESO y desapareció el BUP y el COU. La educación y la
disciplina eran mucho más elevadas que en estos tiempos.Todo esto es muy
relativo ya que hay pedagogos que postulan lo contrario, pero lo que sí es
constatable y objetivo son los datos. Ha habido excesivas reformas en la
enseñanza, a cuál peor. Los alumnos se desorientan y los docentes nos mareamos.
Todo gobierno quiere hacer suyo el sistema educativo, con o sin recortes. Es
como si desearan dejar su señal o su marca particular, como los regímenes
totalitarios. Ahora ya se está gestando otra nueva reforma, lo único que nos
queda por decir es "virgencita que me quede como estoy". Si a esto le
añadimos el escaso interés que el alumno tiene por las materias, que tienes que
adornarlas con mil y una analogías, podremos entender los masivos suspensos que
nos encontramos en los bachilleratos, por ejemplo. La irrupción de internet ha perjudicado
seriamente la labor de investigación y la lectura, puesto que se está usando
como un fin y no como un medio.
Si a todo esto sumamos la
escasa implicación de algunos padres o madres, que siguen viendo al profesor
como un enemigo porque no aprueba a sus hijos, o el perjuicio de la telebasura
que estos niños ven hasta altas horas de la madrugada, podremos entender el
famoso fracaso y abandono escolar, el cual siempre tratan de maquillar con
pruebas, repescas o promociones injustificadas e injustas.
¿Qué se puede hacer? Alumnos
desmotivados, sin deseos ni interés por aprender. Padres y madres que no se
implican y además complican nuestra tarea. Estúpidos programas de TV que
insultan nuestra inteligencia y que los críos devoran con más avidez que una
hamburguesa con patatas fritas. Los libros de texto tan sólo cambian sus
formatos y algunas actividades y, por consiguiente, los padres compran a
regañadientes, lo mismo que los libros de lectura. La cultura ha de ser
gratuita, cómo no. Sin embargo los niños aparecen con carísimos teléfonos
móviles comprados con el esfuerzo y el sudor de un padre en paro. Vemos cómo
hay políticos que juegan o se divierten con sus tabletas o sus smartphones en el Congreso, los mismos
que, seguramente, realizan y aprueban las reformas educativas que en lugar de
avanzar nos hacen retroceder con sus extraños experimentos pedagógicos.
A veces, uno se sienta y se siente
cansado y aburrido y se pone a admirar con envidia a Finlandia o a Corea. Pero
claro, como se vive aquí no se vive en ningún sitio, con la playita, el
pescaíto y la cervecita. Tenemos que cambiar muchas cosas.




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