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¿Matrimonio, patrimonio o binomio?




Matrimonio, patrimonio, binomio.

José Luis Raya 

Cualquiera puede buscar en un diccionario el origen de la palabra matrimonio y comprobar que procede del latín de la unión de mater y moniun (calidad de madre o cosas de madre), frente a patrimonio (pater monium). La calidad de madre a su vez se relaciona con matriz (matrix). Hay una lejana relación entre mater y materia. La materia rerum, causa original de todas las cosas. Como Mater, matrix, materia. Incluso podemos relacionar todos estos conceptos con la palabra vulgar derivada de materia madera. La etimología puede ser algo fascinante. Tanto que no todos los semiólogos se ponen de acuerdo en el origen de algunas palabras, incluida la de matrimonio.

La Diacronía se encarga del estudio y evolución de los vocablos, no tanto su aspecto fonológico como semiológico. La palabra nevera se relaciona con nieve. Antiguamente designaba a la habitación más oculta y fría de la casa donde se almacenaban los alimentos, pasado el tiempo se le asignó también a lo que hoy conocemos también como frigorífico. La palabra azafata se refería a las criadas y doncellas más cercanas a la reina, que a su vez procedía del árabe y se refería a las criadas de las mujeres ricas, en general. Ahora la acepción más corriente es la mujer que atiende a los pasajeros en un avión o tren por ejemplo, amén de otras labores. Hasta la misma palabra amén acabo de utilizarla con una acepción distinta a la original.

En la época romana matrimonio (mater monium) se refería a las cosas relacionadas con la madre, como hemos aclarado. En ningún momento hacía alusión a la unión de una mujer y un hombre. Pasados los siglos esta acepción se adoptó por un determinado grupo social y religioso para definir esta cuestión.

Las palabras se van transformando y no pertenecen a nadie exclusivamente, ningún ser humano tiene derechos de autor sobre las mismas y se van adaptando a los tiempos en los que esos vocablos están siendo usados. Desde ahora un alto Tribunal decide que es constitucional además referirse con esta palabra a uniones de parejas del mismo sexo. Por lo que no podemos estar pataleando, ni tan siquiera proclamar, esa palabra (matrimonio) como algo nuestro y patrimonial, puesto que en su origen no tenía esa acepción y nadie es dueño de la misma. Tampoco se puede argumentar que históricamente aludía a la unión entre un hombre y una mujer para formar una familia para procrear, porque, como ya hemos visto, todos los vocablos son susceptibles de cambio, no son inmutables.

Dejemos la fiesta en paz. Vivamos y dejemos vivir, que dos mujeres y dos hombres decidan matrimoniarse no va a afectar a la salud de nuestros hijos o nietos, en absoluto. Y busquemos la felicidad de nuestros congéneres con la persona que ellos o ellas consideren apropiada. Todos tenemos alguna amiga o amigo, o vecino o familiar que desea amar y casarse con una persona de su mismo sexo. Una actitud cristiana es permitirles que sean felices y que se amen e incluso que adopten y les ofrezcan amor y felicidad a esos hijos o hijas. Muchos niños y niñas son maltratados y en algún caso salvajemente asesinados por sus padres (heterosexuales). Dejemos ya, de una vez por todas,  la obsoleta idea de que el niño necesita un padre y una madre obligatoriamente porque ya se ha demostrado que esto no es cierto. Un niño sólo necesita amor, respeto, comprensión y educación, y eso se la puede ofrecer una persona honesta, honrada y que posea la capacidad de amar y el deseo de educar, criar y cuidar independientemente de su inclinación o tendencia sexual. ¿Por qué tenemos que obsesionarnos tanto con el sexo o la tendencia sexual? Esto precisamente debería ser anormal. El sexo, a partir de unas edades, puede constituir tan sólo unos minutos a la semana o a las semanas. Se le está magnificando cuando es algo, cuantitativamente demostrable, insignificante. Empleamos mucho más tiempo comiendo, bebiendo, charlando, andando, leyendo, escuchando… Tan sólo el depravado puede exagerarlo.


Así que, si hay un grupúsculo empeñado en impedir que dos personas del mismo sexo se casen o que a esto se le denomine matrimonio, pues pongámonos de acuerdo y asignemos una nueva acepción a patrimonio o trimonio o binomio… Aunque mucho me temo que tampoco todos estos intolerantes estarían de acuerdo, ya que todos ellos ni viven ni dejan vivir.





Comentarios

  1. Es más que evidente que cuando se pagan campañas en prensa, organizan multitudinarias manifestaciones e incluso promueven, facilitan y financia que la Ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo sea recurrida ante el Tribunal Constitucional, no estamos ante un debate sobre el origen del término matrimonio. La palabra "salario" como casi todo el mundo sabe procede de cuando a los soldados romanos se le pagabaa con sal, y sin embargo, no hay interés alguno en cambiar la palabra salario por alguna otra del tipo de "dinerario" o "euroario".

    ¿Acaso hubiera habido menos beligerancia por parte de los fundamentalistas cristianos si la palabra matrimonio hubiese sido sustituida por otra? Me temo que no. El problema está en la intolerancia que está en la esencia misma de cualquier religión (tal vez con la excepción del budismo) en tanto que en todas se acepta la existencia de un ser extraordinario con poderes mágicos, que creó el universo y que además puede alterar las leyes elementales de la física y la materia a su voluntad para que nos quedemos asombrados con su poder o peor aún, para aterrorizarnos.

    Por supuesto este ente mágico está tremendamente empeñado en que estemos todo el día adorándolo y dándole gracias por estar vivos. Si no fuera por que como humano no me es dado comprender los motivos que guían sus actos, diría que tiene algo de complejo debido a la gran exigencia en tiempo y esfuerzo que tenemos que dedicar a agasajarlo entre distintas ceremonias rituales que sirven para cubrir con creces el primer mandamiento, esto es, amar a Dios sobre todas las cosas, desatendiendo otras cosas que se me antojan de mayor importancia como por ejemplo, los millones de personas que viven de manera miserable o que mueren fruto de la pobreza extrema. Pero también puede ser, como dijo Stendal, que Dios no sea responsable de nada por la sencilla razón de que no existe.

    Es mas que probable que Dios no exista, pero lo que si que existen son los creyentes, que no se cuestionan su existencia ni mucho menos sus dogmas. La moral que patrocina un Dios es del todo incustionable porque sería asunto de excomunión poner en cuestión aquello que el buen Dios tiene a bien revelarnos de cuando en cuando, y como consecuencia de esto, cuando algo no se puede cuestionar, se convierte en asunto de fanáticos. Todas las religiones son un buen caldo de cultivo para ello, así que la cuestión de que dos personas se amen con independencia de su sexo, no es cuestión cristiana, es sólo un asunto de libertad...

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