La desproporcionada guerra de géneros
LA DESPROPORCIONADA GUERRA DE LOS
GÉNEROS
Como el gran maestro y único O. y G.
partía de lo particular para llegar a lo universal, incluso de lo anecdótico,
quisiera emularlo humildemente y hacer partícipes a todos y transmitirles el
mensaje al mismo tiempo, no básico, que todos y todas nosotras podemos
reflexionar sobre los acontecimientos que nos suceden a lo largo de nuestra
vida diaria, y tampoco invento nada, ya que otro grande, M.J. de Larra actuaba
de esta misma guisa.
Sin más dilaciones, yo me hallaba con
un grupo de amigas y compañeros de trabajo, debatiendo temas de actualidad,
triviables unos, más transcedentales otros. Como suele ocurrir en este tipo de
tertulias – ¡qué fueron de aquellas tertulias añejas y enriquecedoras¡- hay
alguien que se quiere erigir como la voz cantante y como centro dogmático, contradecirle puede resultar contraproducente para nuestros nervios y
equililibrio. Asumía, digo, muy bien este individuo sus propias contradicciones
y su falta de preparación, aparentemente, e incluso de ignorancia, pero cuando
de manera coloquial le llamé “tia” en lugar de “tío”, estalló como un volcán
en erupción, aquello era el Etna soltando espumarajos tóxicos, o el Vesubio, dos
volcanes en activo, por cierto. Mi lapsus genérico fue verdaderamente el
detonante de una hecatombe descomunal. Todo lo que hubo de aguantar, me refiero
a las contradicciones argumentativas en las
que incurría, lo volcó como un volcán en un simple “rabico”, el “rabico”
de la a. Total un simple signo, que no llega a ser ni una grafía. La confusión
fonética de un sonido abierto central por otro también abierto pero posterior y
casi velar. Me disculpé. El energúmeno mal-articulaba y mal-coordinaba oraciones
y frases incoherentes, pero de las palabras más “legibles” y entendibles puedo
extraer: “ que yo soy muy macho”, que yo no soy ninguna tía”, “que no te
confundas”, “que soy un hombre y no una mujer”... Y así un buen número de
simplezas propias de un encefalograma plano.
Hay que reflexionar de todo y sobre
todo. El energúmeno a la sazón me obligó a rectificar como si le hubiera
referido un insulto descomunal. ¿ Acaso lo rebajé a la altura de una hembra, de
una tía, de una mujer? ¿ Es, acaso, un insulto, señoras lectoras, utilizar
vuestro género? Las mujeres que había en la ya pseudotertulia no reaccionaron,
ni yo mismo, suele ocurrir que caemos en la cuenta más tarde. Educados en una
régimen absolutamente machista, hemos desprestigiado y menospreciado todo lo
que se relacione con lo femenino, como si ello perteneciera al sótano de
nuestra vivienda. Nadie reconoce que la vida la proporcionan las mujeres, que
estamos aquí gracias a los partos de nuestras madres, y principalmente por
esto, y por un sinfín de innumerables cualidades se merece nuestro respeto el
género femenino, tanto, que, digo yo, sería un honor y un orgullo que por
confusión alguna vez nos apelaran como señora y no como señor. De hecho la
consabida guerra de géneros ha venido porque desde antaño se ha usado solamente
el género másculino como genérico precisamente. Y las niñas, las chicas, las
mujeres, las señoras... nunca se han sentido ofendidas cuando han sido llamadas
niños, chicos, hombres o señores. Incluso, ahora, en estos tiempos de política-correcta,
se usan los dos géneros, pero siempre el masculino delante “paque no se´spante”. Excepto en el circo y
otros espectáculos...“Señoras y señores....”
Leí en cierta ocasión que desde
tiempo remotísimos, desde que surgió la vida humana en la Tierra, otro imenso
misterio, el macho ha sentido un gran complejo de inferioridad frente a la
hembra por el hecho de no poder concebir, por ello la mujer era recluida en la
caverna, no ya sólo para amamantar a sus criaturas, sino porque el hombre
envidiaba su suerte y se alejaba en busca de caza y expiación de sus miedos. Se
sentía culpable y huía durante algún tiempo porque él no podía dar a luz.
Curiosa teoría. Quizá esa envidia atávica la estén pagando siempre las mujeres,
recluidas en las cavernas y en los sótanos. Dejemos ya esa actitud primitiva y
oscura y busquemos de una vez por todas la igualdad y acojamos los hombres el
género femenino con orgullo y alegría, y no con vergüenza y destemplanza. Y
avancemos. Dejemos ya la caza y tendamos la mano a esas mujeres que siguen en
las cavernas más oscuras del dolor, de la soledad y del maltrato. Un cordial
abrazo a las señoras y chicas, es decir, a todo el mundo.Y, ustedes, amigas
mías, id despertando ya y actuad, y muchas gracias por asumir durante tantos siglos
y milenios el género masculino, sin avergozaros.



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