BIENVENIDOS A LA HABANA
BIENVENIDOS
A LA HABANA
En La Habana se conjuga
perfectamente la risa y el llanto.
El viajero –
no el turista- que se acerca con la intención de observar y se inmiscuye en sus
vidas y en sus miserias descubre que debajo de la salsa y el baile sólo existe
la desesperación, la rabia y el miedo. El cubano es un pueblo dócil, acogedor y
adoctrinado, pero también con un gran espíritu crítico y vive con la esperanza
de que se produzca el cambio en su país y en sus vidas para poder,
sencillamente, vivir dignamente.
Al
adentrarnos en el barrio de San Lázaro observamos una retahíla de calles y
viviendas asoladas, como si hubieran sido bombardeadas. Veo cómo un señor se
fuma un cigarrillo en un balcón semiderruido, cuya balaustrada está desencajada
por un lado y por otro ya no existe, si se descuida cae por un agujero que hay
junto a él pero podría sobrevivir, no hay demasiados metros hasta el suelo. Una
mujer vigila a su niña que me saluda con una carita dulce y lastimosa. Una
anciana vive literalmente en cuatro metros cuadrados, un habitáculo
reducidísimo, mugriento y atiborrado de trastos viejos y oxidados. Sólo hay
espacio para que ella se siente en una silla desvencijada. El sudor que escurre
por mi cara, el calor y la humedad son sofocantes en verano, quizás se haya
mezclado con alguna furtiva lágrima por lo que nadie lo habrá notado. El
periodista y escritor Vicente Botín manifiesta que en Cuba existe un
alto número de suicidios, tanto voluntarios como involuntarios, estos últimos
son por ejemplo los que huyen en neumáticos viejos de camiones y se adentran en
el mar para dirigirse hacia... ¿la muerte?.
Al salir de
esta especie de zona dantesca podemos tranquilizarnos algo más, hemos pasado de
lo paupérrimo a lo pobre. Hay un anciano con su cama en una acera porque se le
ha caído parte de del techo. Cincuenta años son demasiados, cuando han pasado
huracanes y lluvias torrenciales y... el tórrido sol. Existen en La Habana unos
edificios sencillamente maravillosos en los que se combina el esplendor
colonial con lo clásico. Uno piensa en lo linda que debió ser en la
prerrevolución. Por allí pululan cientos de autos clásicos de los años
cincuenta – mecánicos ingeniosos deben
de ser para mantenerlos- ¿con qué materiales? - me pregunto- Hay familias que
se construyen sus propios ventiladores con las aspas de las lavadoras rotas que
se desechan en los hoteles.Siguen con sus cartillas de racionamiento: Una
docena de huevos, un kilo de arroz, algo de pan, papas, jabón, fríjoles y poco
más. Eso debe estirarse durante un mes, las familias suelen ser de más de
cuatro miembros, aunque los más jóvenes se van concienciando y no permiten
traer más niños a ese submundo. Es por ello por lo que el ciudadano cubano tiene
que ingeniárselas como sea para poder sobrevivir. Toda La Habana es un cuadro
popular de la España picaresca del siglo XVII. El turista es una mínima y
suculenta fuente de ingresos para el habanero de a pie. O le ofreces
gentilmente unos pesos o ellos se las ingeniarán para que se los regales y
además con una sonrisa. Son amables y acogedores y el occidental tendría que
ser más solidario y comprensivo. No seamos ruines y aportemos nuestro granito
de arena. La Habana lo merece. Al introducirse uno en La Habana Vieja comprueba
-¡ al fin¡- cómo algunos edificios, monumentos e iglesias se están restaurando
y hay plazas con un encanto y una belleza fuera de lo común. Hay organismos
oficiales internacionales que se han implicado en la reconstrucción o ayuntamientos
( Cádiz) o Euskal Herría, 1955 – cito textual en la Iglesia de San Francisco de
Asís-.
Es cierto
que el bloqueo ha sumido a Cuba en algo parecido a una pesadilla, pero no todo
ha sido culpa del mismo. Mantener ese estado, en el siglo XXI, es algo totalmente
obsoleto y absurdo e incluso inhumano. Raúl Castro y Obama parece
que se han vuelto para mirarse. Ciertos aires de esperanza recorren La Habana.
La gente piensa que Fidel ya ha muerto y que esperan el momento oportuno
para hacerle el funeral del siglo, no van a hacerlo después del de Michael
Jackson...
Sin embargo
en este período de transición y de embargo Fidel ha militarizado aún más a la sociedad y uno
se encuentra un policía, tanto de uniforme, como de paisano, a cada paso. El
habanero se siente vigilado, como el Gran Hermano de George Orwell en
“1984”. Se le acerca al turista con repeto y miedo, no tanto por lo que haga
sino por lo que diga.
El malecón
es el lugar de encuentro de los habaneros por las noches para disfrutar de la
brisa fresca del mar, después de una jornada hipercalurosa. Las noches de los
fines de semana se reúnen los gays y me cuentan que la hija de Raúl Castro
– desde Miami- está haciendo mucho por sus derechos, de momento ya se les
permite reunirse públicamente, aunque cuando pasa algún policía se separan y se
alejan del visitante.
El 50º ó 55º
Aniversario de la Revolución conmemorado recientemente congrega a
simpatizantes, afiliados comunistas, profideles, líderes políticos concretos –
con Venezuela cada vez existe una relación paterno-filial que el mísmisimo
Freud quedaría desbordado- y otros afines que se concentran durante estos
festejos,saborean lo añejo, lo bueno y todo lo bello de Cuba, pero no llegarána
a conocerla realmente. Vuelven a sus países y ellos siguen su confortable ritmo
de vida y su bicéfalo pseudoideologizante forma de pensar (capitalismo para mí,
comunismo para los demás). Hube de explicar a unos camareros cubanos los
avances tecnológicos que simplemente ellos habían escuchado confusamente a
otros turistas: lo del GPS les resultaba sencillamente fascinador. Les hablé de
internet y cómo podíamos ver vídeos musicales de Los Panchos, de Gloria
Stefan, de Celia Cruz... o
también podemos chatear ( conversar por escrito) a través del PC con personas que están al
otro lado del mundo, y con una cámara podemos verles la cara y el sitio dónde
viven. Los más listos han conseguido una parabólica que ocultan y un TV
cochambroso a través del cual ven TVE internacional y canturrean por el malecón
la canción que Ana Belén ha vertido (No versionado, es incorrecto) para su
programa favorito: “Cuéntame”. Por doquier encontramos panfletos
prorrevolucionarios, frases conmemorativas de Rául del tipo (“...hay que estar
unidos frente a la crisis”), esloganes de “Venceremos”( venceremos ¿a quién o a
qué? Me pregunto)... y allí siguen paralizados ante el abismo y estancados en
su sueño revolucionario que no se sabe si llegará. Lo que está claro que el
ciudadano cubano ya no cree en estas patrañas que no sirven para nada, que
llevan más de cincuenta años escuchando la misma cantinela y que malviven desde
siempre, ya no confían en sus líderes, no obstante el cubano es un ser dócil ,
conformista y que sigue paralizado por el miedo y que espera y desea que se
produzca ese cambio esperanzador que los eleve al cielo. Tienen esperanzas.
Allí sienten
devoción por lo español, e incluso pueden mezclar en algún hotel turístico, un
remix de temas y canciones de Las Leandras con Manolo Escobar y Alejandro
Sanz, y los bailarines pasan de la salsa al chotis con gracia y soltura.
La Habana
huele a agua salada y a literatura, allí encontramos la impronta de
Hemingway, Victor Hugo, Rosalía de Castro, obviamente Alejo
Carpentier y el revolucionario y poeta José Martí... Dejo a un lado
en mi mesita la anodina “Ángeles y demonios” de Dan Brown y pienso en el
título, lo metaforizo en “ el pueblo y el poder”. Me inclino por un libro de
poesías de Martí, por su seducción y mi lógica ubicación, y al amanecer
sentado en el malecón solitario leo: “sólo el amor engendra melodías”. ¿Qué
quiso expresar el héroe nacional? ...
En el Canal
NOVA de TV contemplé el 11 de agosto a las 8:00 de la mañana un documental
sobre La Habana, especialmente dedicado a los turistas. Exponían imágenes de La
Habana Vieja maravillosas, los edificios y plazas que habían sido restaurados y
estaban impecables, la grandeza del Capitolio y toda una serie de hoteles y
restaurantes que nada tienen que envidiar a los de cualquier otra ciudad. Sin
duda era un reportaje absolutamente cautivador pero ofreció un punto de vista
parcial, seguramente para atraer a esos turistas reticentes. Ciertamente,
cuando Cuba despierte de su letargo La Habana se convertirá en una de las
capitales más bellas del mundo, esperemos que no pierda su encanto y empiecen a
arrasarla con Mc Donalds, que no se pase al otro extremo y se entre en la parte
grotesca del capitalismo que lo devora todo y se traga el arte sin decoro, ese
capitalismo hortera que sería capaz de convetir al Capitolio en una
macrodiscoteca-house. Insto a quiénes fueren que se vaya pensando en una
comisión internacional de la Unesco para vigilar y proteger esa perla que es
Cuba y ese diamante en bruto que es La Habana.(No cuesta nada ser optimista)
Pensemos que
las intenciones del Régimen fueron buenas: desarrollaron la educación, la
sanidad, la defensa, el deporte... A la vejez viruelas Raúl Castro
pretende enfrentarse a la crisis incentivando la tierra, los recursos
naturales, la agricultura, si verdaderamente siempre han estado en crisis. Sigo
leyendo y regreso al principio: conviven con la risa y el llanto. Mi querido Fidel,
visto lo visto, la historia no te absolverá, probablemente te absorberá, no le
dejas otra opción.


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